sábado, 19 de mayo de 2012

La noche de los cuarenta y tantos.

La verdad es que hacia mucho tiempo que no salia de noche, yo, que cuando era  joven creía que el día duraba eternamente, el tiempo pasa y gracias a dios las costumbres y la manera de pensar cambian. Como decía, salí con mis amigos de siempre a cenar, y ya en la cena hablábamos de como seria la noche, de como eran antes nuestras noches, la comida excelente, aunque eso no sorprende si cenas en un lugar donde el trato que nos dispensan es inmejorable , y ya pasada la media noche empezamos la ronda por los lugares donde era posible encontrar gente con ganas de divertirse.
 La calle y el ir encontrado gente te da ha entender de que el tiempo pasa, sobretodo cuando uno ve como visten las mujeres de hoy día, tengo que reconocer que delante de este escaparate, de variedad infinita, uno queda como un poco aturdido, con una sensación entre incredulidad y felicidad, los comentarios sobre el antes y el después,  hacia que de nuestras bocas saliesen fantásticas carcajadas.
 Cuando llegas a uno de los locales donde tomar una copa, disfrutar de la música y donde poder relajarte un poco, el acto reflejo del sentido innato del apareamiento sale a flote y uno no deja de pavonearse con todas sus armas para lucir, sin pensar que la edad ya hace mella en un cuerpo, que aunque físicamente sigue aguantando, ya no es el mismo, y cuando uno es consciente de dicha realidad, se refugia hacia los laterales del circo para poder ver mejor el centro de la plaza sin necesidad de ser el el número principal.
 La principal diferencia entre el ayer y el hoy es una, antes las mujeres se quedaban un poco estáticas, como esperando siempre ha ser rescatadas del ostracismo, del aburrimiento de estar deseosas de querer, pero no poder, hoy día, gracias a esa libertad adquirida y ha ese poder, ya no necesitan de que alguien del sexo contrario, de dicho paso, ahora son ellas las que con su desafiante descaro sonrojan al más valiente torero de la plaza, porque no nos engañemos, cuando uno/a sale de noche siempre va con la esperanza de pasarlo bien en todos los sentidos y cuando ya se tienen cuarenta y tantos, uno/a ya no tiene porque estar sacando sus mejores plumas para encandilar al sexo contrario, con la experiencia adquirida con el tiempo, lo que uno ha aprendido de sobras, es que tiempo no sobra, falta, así que valor y ha por el salto mortal de inicio, que con la edad la red ya esta más que predispuesta.