miércoles, 15 de diciembre de 2010

Pequeñas libertades.

Estuve practicando uno de mis pasatiempos favoritos, el rato submarino, es que ya no me atrevo ni ha decirle pesca submarina, porque son pocas las veces que saco pez del agua, muchas veces por ser legal, y no luchar contra "los pezqueñines", y otras veces por el sentimiento, por la paz que uno encuentra sumergiendose dentro del agua, sin ruidos, en invierno, con todo el color que te envuelve y esa sensación de poca cosa, de pequeñez, dentro del mundo submarino.
Con la bicicleta recorriendo caminos el domingo por la mañana, no el domingo de madrugada, que las nueve y media, ya va siendo una buena hora para dejar un poco el frio y disfrutar un poco más de los primeros rayos caloríficos del sol, con buena compañia, sin prisas, disfrutando de la montaña y buenas conversaciones, buscando un final feliz, con un descenso al nivel que nos merecemos, por el sufrimiento de la subida, con o sin desayuno-vermut, parte del fin de semana.
Un sofa y con el frio, un fuego delante de los pies, un libro en la mano, y cerca del ventanal, musica, de Sade o Leonard Cohe, como no, sin la cerveza, llegará más tarde, cuando los ojos se cansen o ya la cabeza, con miles de nuevas ideas, te aparten de la lectura.
Pequeñas libertades, que no quiero perder, ni que nadie me las quite, animoso para compartir y con ganas de tener más, sueños y realidades, en un mundo que cada vez es más pequeño o da la sensación de estrechez, aunque desde fuera se siga viendo redondo.

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