Un mundo nuevo se abre cuando una pareja tiene un hijo/a, de repente todos los horarios establecidos cambian, cambia tambien el lazo de unión con los amigos, porque no es posible el acudir a reuniones, se entiende, cenas, noches futboleras, un cine y muchas cosas más, pero con voluntad por ambas partes, siempre se halla una solución, las cenas pasan a ser comidas de medio dia, en algún lugar donde los niños puedan jugar sin peligro, donde tardes de cine se convierten en pases de pelis sentados en algún sofa, y así pasa el tiempo y de repente las cosas van fluyendo hacia una normalidad como la anterior, pero con una apuesta más, el estar rodeado de pezqueñines que no dejan de arrancarte sonrisas.
De repente te vuelves ese tio/a que quiere disfrutar por unas horas de la libertad de correr, de saltar, de volver a esa infancia que ya no volvera, y te sientes importante cuando gritan tu nombre y desean estar contigo y se te cae la baba cuando sus progenitores te dicen que toda la semana solo hacen que hablar de uno/a y tu sin quererlo, solo deseas que el fin de semana regrese y volver a ser amigo de los hijos de tus amigos.
Este fin de semana hemos improvisado una comida cerca de una ermita con un castillo, y mil personajes nos han rodeado, caballeros con sus armaduras, princesas que necesitaban rescate, cazadores de lobos, mil y una posibilidades apoyadas con la imaginación del que fue niño y de los niños que crecen, porque creceran y quien sabe si ellos al igual que otros, cuando crezcan un dia pediran que les aconsejes o ayudes en tareas, que según su forma de pensar encajan más en ti que en el de sus padres, tus amigos.
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